Es una cuestión importante determinar si en el gobierno, tanto militar como político, se debe proceder con rigor o con blandura. Sobre ello existen tantas opiniones como diversas son las condiciones y temperamentos de quienes reflexionan sobre esta materia.
A los de carácter áspero, altivo y ambicioso les parece que sin gran severidad y extremo rigor es imposible gobernar ni conducir bien ningún asunto. Por el contrario, a los valerosos, prudentes y de buen juicio les parece que lo más acertado es seguir el término medio.
Esto se da a entender mediante esta Empresa del árbol con dos manos que, tirando con fuerza de una rama, la rompen, acompañada de la inscripción Vi frangitur, que significa: “Con la fuerza se rompe”. Y en otra parte, otra rama con otras dos manos que, con habilidad, la tuercen y la doblan, con la inscripción Obsequio plectitur, que quiere decir: “Con suavidad se doblega”.
De la misma manera, quien pretenda gobernar y tratar los asuntos únicamente por la fuerza y sin otro recurso será temido, pero no amado; y siendo violento, su gobierno no será duradero. En cambio, quien gobierne con prudencia y moderación, uniendo la firmeza necesaria para hacer justicia con la suavidad y la habilidad en la manera de ejercerla, sin romper doblará los ánimos de aquellos a quienes gobierna, inclinándolos a obrar por amor y respeto, lo que por solo rigor no harían.
Comentario político
Este emblema ofrece una de las lecciones más profundas sobre el ejercicio del poder: la autoridad sostenida únicamente por la fuerza termina quebrando aquello que pretende gobernar.
Para quienes dirigen, la enseñanza es clara. El rigor es necesario cuando se trata de hacer justicia, pero el modo de ejercerlo determina su eficacia. Gobernar solo con severidad produce obediencia exterior, pero no adhesión interior. Se puede imponer silencio, pero no convicción; se puede forzar cumplimiento, pero no lealtad. Por eso el texto concluye con una afirmación decisiva: la prudencia y la moderación inclinan a obrar por amor y respeto lo que por solo rigor no harían.
Para los ciudadanos, el emblema ofrece también un criterio de discernimiento. La firmeza legítima no debe confundirse con arbitrariedad ni la autoridad con intimidación. Las instituciones más estables no son las que imponen continuamente, sino las que logran que la ley sea cumplida no solo por temor, sino por reconocimiento de su justicia.
La política madura combina fuerza y prudencia. Cuando predomina la violencia, el árbol se rompe; cuando hay inteligencia y medida, se dobla sin quebrarse. El poder que busca durar aprende que el respeto es más sólido que el miedo.
El Nacional, 24 mayo de 2026
https://www.elnacional.com/columnas/2026/05/vi-frangitur-obsequio-plectitur-de-las-empresas-morales-de-juan-de-borja-1680/

El Autor: Juan Carlos Aguilera P.
Dr. Filosofía y Letras. Universidad de Navarra.
Catedrático de Filosofía. Director de Empresas Familiares.
Fundador del Club Polites.
Contacto: clubpolites@gmail.com